Sobre Epilepsia
La epilepsia es un trastorno neurológico y la comprensión de este trastorno se vuelve fundamental en la gestión que las personas pueden llevar a cabo a corto y largo plazo. Los datos epidemiológicos expresan y muestran que los afectados son de distintas edades, pero que la epilepsia afecta especialmente a niños, adolescentes y personas mayores.
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Aquí vas a encontrar todo lo que necesitas sobre epilepsia:
Tipos de epilepsia
¿Sabías que no todas las crisis epilépticas implican convulsiones?
Es importante que el paciente entienda su enfermedad con explicaciones claras y sencillas: qué son las crisis focales, cómo se manifiestan y qué muestra un EEG. También qué es una epilepsia estructural y cómo se diagnostica.
Trastornos anímicos debidos al tratamiento antiepiléptico
Un tema que preocupa mucho a los pacientes con epilepsia es la aparición de los efectos adversos del tratamiento farmacológico. Uno de ellos es la alteración del estado de ánimo. Es importante comunicárselo al médico para saber qué hacer en estos casos y cómo ajustar el tratamiento para mejorar el bienestar emocional sin perder el control de las crisis.
Tratamiento
La retirada del tratamiento antiepiléptico se debe hacer siempre bajo supervisión médica, garantizando la seguridad y el bienestar del paciente durante el proceso. El médico debe dar directrices e indicar precauciones como no conducir durante la retirada y elegir un momento adecuado para hacerlo.
Pronóstico tratamiento
La retirada del tratamiento antiepiléptico se debe hacer siempre bajo supervisión médica, garantizando la seguridad y el bienestar del paciente durante el proceso. El médico debe dar directrices e indicar precauciones como no conducir durante la retirada y elegir un momento adecuado para hacerlo.
Pruebas complementarias
La realización de pruebas complementarias durante la exploración de los pacientes es crucial para conseguir un buen diagnóstico.
Primeros auxilios
¿Sabes qué hacer ante una crisis epiléptica?
Es importante que amigos y familiares de pacientes con epilepsia sepan cuándo llamar al 112, y cómo aplicar la postura de seguridad.
Epilepsia y embarazo
En pacientes con epilepsia, que desean ser madres, el acompañamiento médico especializado y la planificación adecuada es crucial para un embarazo seguro y saludable: elección del fármaco más seguro, el uso de ácido fólico en dosis altas, los riesgos de convulsiones durante la gestación, y las precauciones para el parto, la lactancia y el control posparto.
Encefalopatia epileptica
El síndrome de Lennox-Gastaut (SLG) es un tipo raro y grave de epilepsia que suele comenzar en la infancia, generalmente entre los 2 y 6 años. En estos casos, es crucial la comunicación clara entre profesionales de la salud y familiares para abordar el manejo integral de la enfermedad.
Crisis psicógenas
Las crisis no epilépticas psicógenas son un trastorno neurológico relacionado con factores emocionales y psicológicos, que debe ser abordado de manera multidisciplinar entre Salud Mental y Neurología.
Epilepsia y conducción
Existen recomendaciones legales y médicas para conducir durante el tratamiento antiepiléptico como respetar los periodos sin crisis.
Epilepsia y TDAH
La actividad epileptiforme en la epilepsia rolándica puede afectar la atención y, aunque no sea necesario un tratamiento antiepiléptico, es importante evaluar y tratar un posible TDAH para mejorar el aprendizaje y calidad de vida de los pacientes que lo sufren.
¿Qué es epilepsia?
La epilepsia es una enfermedad neurológica frecuente, alrededor de un 0,8% de la población tiene epilepsia.1
Realmente deberíamos hablar de “las epilepsias” o síndromes epilépticos ya que el término engloba una serie de diferentes enfermedades que tienen en común su presentación con crisis epilépticas recurrentes.1
Las crisis epilépticas se deben a una actividad neuronal aumentada fallando los habituales mecanismos de inhibición para controlar esa actividad.1
Todas las personas pueden tener epilepsia, independiente de su género, edad, raza, origen o clase social. Existen más casos entre los niños y las personas de edad avanzada, pero la epilepsia puede empezar en cualquier etapa de la vida.1
¿Qué es un síndrome epiléptico?
La Liga Internacional Contra la Epilepsia (ILAE) define la epilepsia como un conjunto de enfermedades que cursan con crisis epilépticas y que se denomina síndromes epilépticos. Cada síndrome epiléptico se define por una combinación de características clínicas y electroencefalográficas, por lo que hablamos también de diagnósticos electro-clínicos.1
Existen muchos síndromes epilépticos diferentes, que se clasifican según los síntomas que ocurren juntos, como el tipo de crisis que aparece, las posibles causas, la edad al inicio de las crisis, si se asocian a una lesión cerebral o no, posibles desencadenantes de las crisis, la evolución clínica y su pronóstico. Aunque estos síntomas no sean específicos de un solo síndrome epiléptico, el conjunto de síntomas caracteriza un determinado síndrome epiléptico.1
La clasificación de la ILAE de 2017 toma en cuenta el tipo de crisis (focal / generalizada / indeterminada), el tipo de epilepsia (focal / generalizada / focal y generalizada) y el síndrome epiléptico (por ejemplo, Sd. de West, epilepsia autolimitada de la infancia con puntas centro-temporales o epilepsia focal de origen estructural).1,2
Tipo de crisis1,2
Una crisis de inicio focal comienza en una zona circunscrita en la corteza cerebral y provoca síntomas que corresponden a la activación de esa zona.1
Si una crisis focal se generaliza, aparece una crisis tónico-clónica secundariamente generalizada (en la nomenclatura actual se llama crisis focal a bilateral tónico-clónica).1
Los síntomas subjetivos sin signos objetivos (síntomas visuales, olfativos, psíquicos etc.) se denominan aura.
Otros síntomas de crisis focales pueden ser:
movimientos rítmicos de una extremidad o hemicara (clonías)
movimientos irregulares de extremidades
giro de ojos, cabeza o tronco
speech arrest (bloqueo de lenguaje)
sensaciones laríngeas, abdominales, salivación
sensación epigástrica ascendente (sensación que sube desde el estómago a la cabeza)
sensaciones psíquicas (miedo, sensación de familiaridad de la situación o no reconocer un lugar conocido)
automatismos (chupeteo, tragar; movimientos repetitivos de las manos, vestirse, caminar)
hormigueo o acorchamiento en una extremidad o hemicara
Una crisis de inicio generalizado comienza en circuitos que conectan ambos hemisferios cerebrales y produce síntomas de ambas partes del cuerpo (p. ej. movimientos rítmicos o rigidez).
Crisis generalizadas
Sin signos motores:
ausencias (desconexión del medio durante segundos)
crisis atónicas o astáticas (caída brusca por debilidad muscular generalizada)
Con signos motores:
crisis mioclónicas (sacudidas bilaterales de extremidades, sin alteración de la conciencia)
crisis tónicas (elevación brusca de brazos con rigidez)
crisis tónico-clónicas generalizadas
A veces es imposible determinar si una crisis tiene un inicio focal o un inicio generalizado, por lo que existe la posibilidad de clasificarla como de inicio indeterminado.
Tipo de epilepsia
Partiendo del tipo de crisis se puede determinar si se trata de una epilepsia focal o una epilepsia generalizada. Sin embargo, en muchos casos es necesario tener la información de un EEG acerca de las anomalías epileptiformes (que pueden ser focales o generalizadas, también pueden ser típicos de un determinado síndrome epiléptico) o incluso de las crisis, para diagnosticar el tipo de epilepsia.1
Existen epilepsias que tienen crisis focales y generalizadas (especialmente las type: entry-hyperlink id: 3VGrIN3pIXcZxmMJ5mPfRU, y que pertenecen a la categoría de epilepsia focal y generalizada.
Síndrome epiléptico
Dentro de los diferentes tipos de epilepsia existen muchos síndromes epilépticos distintos, que pueden considerarse enfermedades diferentes. Los síndromes epilépticos se clasifican según la edad de inicio de las crisis. Hay síndromes epilépticos que empiezan al poco de nacer, en la infancia (por ejemplo, la epilepsia rolándica), en la adolescencia (por ejemplo, la epilepsia mioclónica juvenil) o en la edad adulta (a esta edad predominan epilepsias focales), pero también existen epilepsias que pueden comenzar en cualquier etapa de la vida.1
Un síndrome epiléptico puede pertenecer a las epilepsias focales o las epilepsias generalizadas, o bien tratarse de una encefalopatía epiléptica y del desarrollo, en las que el comienzo de las crisis produce una afectación cognitiva y de la conducta.1
La ILAE reconoce unos 40 síndromes epilépticos, pero la mayoría no son frecuentes.
¿Qué tipo de epilepsia tengo?
Existen muchos tipos de epilepsia diferentes, como se explica en el apartado => “¿Qué es un síndrome epiléptico?”. Para el médico y el paciente es muy importante diagnosticar el síndrome epiléptico que padece, ya que ese diagnóstico ayuda a elegir un tratamiento adecuado y poder decir algo sobre el pronóstico a largo plazo.
Proceso diagnóstico
Historia clínica1
¿A qué edad ha tenido la primera crisis?
Se trata de averiguar el inicio de la epilepsia y relacionarlo en el tiempo con una posible causa o desencadenantes de las crisis. Hay epilepsias que tienen desencadenantes típicos de las crisis, por ejemplo, la privación de sueño o la estimulación por luces de discoteca en epilepsias generalizadas. En epilepsias focales suele ser más habitual encontrar estrés emocional como desencadenante de las crisis.
Descripción de las crisis epilépticas1
¿Cómo ha sido la crisis exactamente? ¿Había testigos? ¿Notó Ud. algo?
Tenga en cuenta que existen muchos tipos de crisis diferentes [link a “Tipos de crisis”], especialmente en crisis focales en las que los síntomas dependen del sitio concreto de la corteza cerebral en el que se produce la crisis. Por eso su médico necesita una descripción detallada de lo que Ud. ha notado (síntomas) y de lo que otros pueden haber visto (signos) durante la crisis.
¿Cuánto duró la crisis?
Esta pregunta suele ser muy difícil de contestar. El mismo paciente habitualmente no puede estimar la duración, incluso cuando no pierde la conciencia, y en crisis con pérdida de conciencia y especialmente con convulsiones, los testigos sobreestiman mucho el tiempo, porque están angustiados.
En crisis tónico-clónicas generalizadas se puede tener una idea sobre una duración prolongada si existe una analítica de Urgencias con leucocitos (glóbulos blancos) y creatina cinasa (enzima muscular), que suelen subir cuando la crisis ha sido larga (más de medio minuto). Por eso su médico le va a pedir el informe de Urgencias si le han llevado a un hospital inmediatamente después de la crisis.
¿Con qué frecuencia tiene crisis?
Cuando hay crisis recurrentes, es importante estimar la frecuencia de las crisis. Está claro que las crisis no ocurren de forma regular, pero se puede diferenciar entre crisis diarias, semanales, mensuales, etc. En muchos casos el médico le va a pedir que apunte las crisis en un calendario. A lo largo del tiempo esto va a permitir ver el efecto que tiene el tratamiento antiepiléptico sobre la frecuencia de crisis.
¿Tiene otro tipo de crisis que las que acaba de relatar?
No es raro que el paciente sólo cuente las crisis con pérdida de conciencia y no crisis más cortas con sensaciones subjetivas, como por ejemplo una sensación que sube desde el estómago o movimientos cortos como las sacudidas mioclónicas. El médico insistirá en averiguar todos estos posibles tipos de crisis, ya que la finalidad del tratamiento es que desaparezcan todas las crisis.
¿Tiene también crisis durante el sueño?
Algunos pacientes no son conscientes de tener crisis durmiendo, otros quizás tengan solamente crisis nocturnas. Dependiendo del tipo de epilepsia, las crisis se pueden relacionar con un horario específico, especialmente relacionado con el inicio del sueño o el despertar.
Pruebas complementarias1
Se pueden distinguir las epilepsias focales de las epilepsias generalizadas. Las epilepsias focales son aquellas en las que las crisis se inician en un sitio concreto del cerebro. En las epilepsias generalizadas ambos hemisferios cerebrales están afectados desde el inicio de la crisis.
Para distinguir el tipo de epilepsia [link “¿Qué tipo de epilepsia tengo?”], es imprescindible realizar un electroencefalograma (EEG) que mostrará diferentes patrones de anomalías epileptiformes, que es una alteración específica que se relaciona con la epilepsia. En la mayoría de los casos de adultos no será suficiente con un EEG de rutina (una prueba de unos 30 minutos con un gorro de electroencefalografía), ya que en la gran mayoría de los pacientes adultos las alteraciones en el EEG sólo aparecen durante el sueño. Por este motivo, muchas veces se recomienda realizar una monitorización vídeo-EEG de 3, 8 ó 24 horas que incluya sueño. Se trata de pruebas hospitalarias en las que una enfermera o técnico especializado realiza la prueba y explora al paciente durante las crisis epilépticas si las tuviese. En niños es más fácil detectar alteraciones específicas en un EEG de rutina.
Habitualmente las epilepsias focales tienen alguna causa localizada en la región cerebral donde se originan las crisis (una cicatriz de un antiguo traumatismo, un tumor, una hemorragia, etc.). Por este motivo, el proceso diagnóstico va a incluir siempre una resonancia magnética de alta resolución para intentar hallar una causa concreta de las crisis focales. Aunque en muchos casos no se encuentre la lesión que causa la epilepsia focal, la mayoría de este tipo de epilepsias se produce por una alteración cerebral local.
Actualmente se conocen también mutaciones genéticas que pueden causar epilepsias focales, pero a día de hoy el rendimiento de pruebas genéticas es muy bajo si no se sospecha una alteración genética concreta. En las epilepsias generalizadas genéticas tampoco es fácil encontrar un gen responsable concreto, ya que suele tratarse de una constelación de varias mutaciones genéticas que produce una predisposición a tener una epilepsia generalizada. A pesar de su probable origen genético, muchos pacientes no tienen antecedentes de epilepsia en la familia.
¿Por qué tengo epilepsia?
Causas de epilepsia focal
Las alteraciones estructurales que pueden causar epilepsia pueden llevar muchos años en el cerebro sin dar ningún síntoma. Esto ocurre a menudo en malformaciones congénitas de la corteza cerebral, pero también en traumatismos y en otras lesiones adquiridas cerebrales.1
Las causas cerebrovasculares son típicas de personas mayores. Puede ser un ictus isquémico por cerrarse un vaso sanguíneo cerebral por un trombo o arteriosclerosis, o una hemorragia cerebral, por ejemplo, por una subida brusca de la tensión arterial. Las malformaciones de vasos sanguíneos (cavernoma, malformación arterio-venosa, angioma venoso) son también causas de epilepsia que se dan en personas más jóvenes.1
Tumores cerebrales, aunque sean muchas veces benignos, pueden causar una epilepsia focal si se localizan cerca o en la corteza cerebral. Ocasionalmente existen también tumores que producen epilepsia, aunque estén localizados en la profundidad del cerebro, como el harmatoma hipotalámico, una causa de epilepsia en niños.1
Otras lesiones, como las contusiones traumáticas tras un golpe en la cabeza muy importante (habitualmente acompañado de una pérdida de conciencia más o menos prolongada), también pueden producir crisis epilépticas recurrentes, a veces años tras el traumatismo sufrido.1 Las infecciones como la encefalitis o la meningitis también pueden causar epilepsia.1
Al nacer, la falta de oxígeno prolongada durante el parto puede producir lo que se llama una encefalopatía hipóxico-isquémica. Aunque las encefalopatías más severas pueden presentar en el recién nacido crisis epilépticas, no siempre se desarrolla una epilepsia crónica después.1
Cuando se forma la corteza cerebral durante el desarrollo fetal en el vientre de la madre, las neuronas deben seguir un proceso de migración desde el interior del cerebro hacia la corteza, para formar allí unos circuitos complejos con un equilibrio entre activación e inhibición de miles de neuronas conectadas entre sí. Cuando se quedan neuronas en el camino sin completar esa migración, forman circuitos neuronales en localizaciones erróneas, que no tienen los mecanismos de control de su actividad neuronal, por lo que esas malformaciones del desarrollo cortical pueden causar epilepsia.1
Las enfermedades metabólicas, que habitualmente tienen un origen genético, pueden afectar también al metabolismo cerebral y producir problemas con los neurotransmisores o depósitos en el tejido cerebral, que a su vez facilitan la aparición de crisis epilépticas recurrentes.1
Causas de epilepsias generalizadas
Epilepsia y genética
Las investigaciones de posibles causas genéticas de las epilepsias han avanzado mucho nuestro conocimiento en los últimos años. Cada vez se conocen más genes y sus mutaciones que están implicados en la aparición de la enfermedad.1
Existen mutaciones de un solo gen (monogénicas) que pueden causar epilepsia, pero en muchos casos se trata de una constelación compleja de alteración de varios genes, lo cual dificulta determinar la causa concreta en cada caso.1
Además, el mismo gen puede causar diferentes tipos de epilepsia, y un mismo tipo de epilepsia puede tener mutaciones distintas en pacientes diferentes. Por eso todavía hoy las pruebas genéticas tienen pocas consecuencias para el tratamiento. Sin embargo, este panorama está cambiando, y ya existen causas genéticas que afectan el funcionamiento de determinadas estructuras cerebrales (por ejemplo la vía mTOR) para las que se han podido desarrollar fármacos específicos. Especialmente en niños es habitualmente aconsejable realizar un estudio genético dirigido para tratar de hallar la causa de la epilepsia.1
En las causas monogénicas es importante poder dar al paciente un consejo genético. En las mutaciones que aparecen de nuevo en un paciente, es decir, que no se heredan de los padres, diagnosticar una mutación autonómica dominante implica que los hijos de este paciente tienen un 50% de probabilidad de heredar la mutación.1
Por otra parte, no todas las mutaciones producen siempre la enfermedad, es decir, pueden existir pacientes portadores de la mutación que no desarrollan una epilepsia. Esta variabilidad en la expresión de una enfermedad de causa genética dificulta en muchos casos poder decirles a los pacientes cómo de alto es el riesgo de que los hijos también tengan epilepsia. Sabemos de las epilepsias generalizadas en las que se suele sospechar una causa genética compleja, que muchos pacientes no tienen antecedentes de epilepsia en la familia. En cambio, existen casos en los que la madre o el padre tienen una epilepsia generalizada y también algún hijo, aunque no tiene que ser el mismo tipo de epilepsia generalizada.1
En general, se sabe de grandes estadísticas que el riesgo de un hijo de un padre, una madre o un hermano con epilepsia (de cualquier tipo) tiene un riesgo aproximadamente tres veces mayor de desarrollar una epilepsia a lo largo de su vida que una persona que no tiene antecedentes en la familia. El riesgo es mayor cuando el familiar directo es la madre (cinco veces mayor) y si el familiar tiene una epilepsia generalizada (en esos casos con el mismo riesgo si el padre o la madre tiene este tipo de epilepsia). Antecedentes en la familia directa de una epilepsia generalizada aumenta el riesgo para los hijos por el factor ocho, y también aumenta algo el riesgo d tener una epilepsia focal (2,5 veces más frecuente que en la población sin antecedentes familiares de epilepsia). También en antecedentes con epilepsia focal, el riesgo de epilepsias focales está aumentado en la descendencia (unas 2,6 veces), pero no el riesgo de tener una epilepsia generalizada.2
Estas cifras, que se han observado en un estudio epidemiológico muy importante en Estados Unidos, siguieren que las epilepsias generalizadas y las focales comparten algunas causas genéticas entre ellas. En epilepsias de causa desconocida el riesgo de epilepsia en la descendencia es mayor que en aquellos casos en los que la causa de la epilepsia focal es conocida.2
¿Qué tratamiento es el mejor para mí?
La gran mayoría de los pacientes con epilepsia (aproximadamente 7 de cada 10 pacientes) van a estar libre de crisis con un tratamiento farmacológico.1
Cada vez existe una mayor variedad de fármacos antiepilépticos en el mercado. Debido a que estos fármacos son un tratamiento sintomático de las crisis, pero no tratan la causa de la epilepsia, hoy en día muchas veces se denominan “fármacos anticrisis”.
Algunos tratamientos se deben evitar en determinados síndromes epilépticos, ya que pueden empeorar las crisis.1
La mayoría de los pacientes tratados con fármacos antiepilépticos toleran bien la medicación sin notar efectos adversos o secundarios, que son todos los efectos no deseados de un fármaco. Sin embargo, puede haber efectos secundarios “positivos” en algunos casos, como por ejemplo la prevención de migraña por algunos fármacos anticrisis, o un efecto estabilizador del ánimo por otros.1
Los efectos adversos pueden ocurrir con cualquier medicamento, habitualmente no son previsibles, y pueden ocurrir con frecuencias variables. Si usted nota algo que podría tener relación con los medicamentos que toma, consulte a su neurólogo para que éste revise su tratamiento.1
La búsqueda de un tratamiento antiepiléptico adecuado para cada paciente no siempre es fácil. La respuesta a los fármacos antiepilépticos es individualmente diferente, es decir, el fármaco que controle sus crisis y no le produzca efectos secundarios a veces no es el primer fármaco que se le prescribe. En los últimos 20 años se han desarrollado una serie de fármacos antiepilépticos nuevos que quizás puedan aumentar la probabilidad para el paciente de encontrar “su” fármaco que le funcione, pero a veces hay que “probar” varios fármacos antiepilépticos antes de dar con el óptimo para usted.1
Cuando el tratamiento farmacológico falla o produce efectos adversos, se tratará de cambiar el fármaco por otro que tenga otros mecanismos de actuación sobre las crisis. A veces, hace falta combinar dos o más fármacos para controlar la epilepsia. Se sabe que a partir del cuarto fármaco que se prueba en un paciente, la probabilidad de que quede libre de crisis es menor, pero no llega nunca a cero, es decir, hay pacientes que se controlan con un fármaco o una combinación de fármacos a pesar de haber probado ya varios previamente.1
Para los pacientes que no se controlan con el tratamiento farmacológico (epilepsia farmacorresistente) existen alternativas como la cirugía de la epilepsia o la implantación de un estimulador del nervio vago.
Otros tratamientos complementarios a los fármacos puede ser la dieta cetogénica o la estimulación cerebral profunda.
¿Tendré que tomar medicamentos toda mi vida?
El pronóstico de su enfermedad, es decir, si va a tener crisis epilépticas siempre que no tome medicación, depende del síndrome epiléptico [link] que Usted tenga. Existen epilepsias “benignas” que se presentan durante la niñez y que desaparecen completamente a lo largo de los años, pero también hay epilepsias que persisten toda la vida.1
Dependiendo del tipo de epilepsia, se pueden hacer intentos de retirada de los fármacos cuando el paciente permanezca sin crisis durante unos 3 a 5 años (2 años en niños), siempre bajo control médico. Factores pronósticos favorables para poder retirar el tratamiento son: una baja frecuencia de crisis al inicio de la epilepsia, la ausencia de una causa estructural visible en la resonancia magnética y la ausencia de anomalías epileptiformes en el electroencefalograma. Estos factores se asocian con un riesgo más bajo de recurrencia de crisis tras la retirada del tratamiento, aunque existe un cierto riesgo en todos los casos.1
En el caso de epilepsias focales debidas a una lesión estructural conocida, el riesgo de recurrencia está por encima del 70%, por lo que no se va a recomendar intentar discontinuar el o los fármacos.1
No es cierto que los fármacos se vayan acumulando en el cuerpo. Los fármacos antiepilépticos, al igual que otros fármacos, son constantemente metabolizados y excretados por el hígado y el riñón. La mayoría de los fármacos antiepilépticos se toleran bien durante muchos años. Efectos adversos a largo plazo como por ejemplo la desmineralización del hueso, se pueden evitar mediante un control médico periódico.1
¿Qué pruebas tendré que hacerme para saber si tengo epilepsia?
El diagnóstico de epilepsia es clínico, es decir, debe haber al menos una crisis epiléptica para diagnosticar la enfermedad. Si las pruebas no aportan más información (cosa que no excluye el diagnóstico de epilepsia) tienen que ocurrir al menos dos crisis.1
En el caso de una única crisis o un episodio clínicamente dudoso, las pruebas complementarias son determinantes.
Electroencefalografía
La prueba más importante es el electroencefalograma (EEG), pero hay que tener en cuenta que el rendimiento de los EEG cortos estando despierto (unos 20-30 minutos con un gorro de electroencefalografía) son poco rentables, sobre todo en adultos.
Las anomalías epileptiformes, unas ondas que se ven en el EEG y que se asocian a epilepsia, se activan con el sueño, por lo que la mejor prueba para detectarlas es un vídeo-EEG que incluya sueño (preferiblemente nocturno). Las anomalías epileptiformes son bastante específicas de epilepsia, pero existen algunos (pocos) pacientes que las tienen sin tener crisis epilépticas.1
Existen las siguientes pruebas de electroencefalografía:1
Electroencefalograma (EEG) de rutina:
En esta prueba se coloca un gorro con unos 20 electrodos sobre el cuero cabelludo y se registra la señal eléctrica del cerebro.
La prueba es inocua, aunque la colocación de los electrodos puede ser algo molesta.
Un EEG de rutina tiene una duración de aproximadamente 20 minutos. Se le pide al paciente que esté relajado y con los ojos cerrados, luego debe abrir y cerrar los ojos según le indique el técnico, y al final de la prueba tendrá que respirar profundamente por la boca durante unos minutos (hiperventilación). Se realiza también una estimulación luminosa mediante una luz que parpadea a diferentes velocidades.
La hiperventilación y la estimulación luminosa son métodos de provocación para ver alteraciones en el EEG que son típicos de epilepsia. Estas alteraciones se ven habitualmente sólo en pacientes que tienen epilepsia (existen excepciones).
En algunos casos es necesario realizar una privación parcial de sueño, esto quiere decir que el paciente sólo duerme 4 horas la noche anterior a la prueba. La privación parcial de sueño es otro método de activar alteraciones epileptiformes en el EEG.
Vídeo-EEG de sueño diurno/nocturno:
Durante el sueño se activa la actividad epileptiforme y por eso es más fácil ver alteraciones de este tipo cuando el paciente duerme.
Esta prueba se realiza en las Unidades de Monitorización vídeo-EEG. El paciente llega por la tarde, se le colocan los electrodos y duerme en la Unidad hasta la mañana siguiente. En niños puede ser suficiente realizar un vídeo-EEG de sueño durante el día, ya que tienen mayor facilidad para dormir y de entrar en todas las diferentes fases del sueño en una siesta.
En estos estudios, los electrodos se pegan sobre el cuero cabelludo con un pegamento especial, para que no puedan descolocarse durante el sueño.
Monitorización vídeo-EEG prolongada
La monitorización vídeo- EEG consiste en un registro EEG continuo con una grabación simultánea de las crisis en vídeo.
Para esta prueba el paciente tiene que estar ingresado en la Unidad de Monitorización vídeo-EEG. La monitorización vídeo-EEG de varios días se suele realizar para grabar las crisis, ya sea para confirmar el diagnóstico o como evaluación previa a una posible cirugía de la epilepsia (=> [Cirugía de la epilepsia]. Para que aparezcan las crisis, habitualmente hay que bajar la medicación antiepiléptica. El registro de EEG y vídeo al mismo tiempo permite caracterizar las crisis y determinar el origen de las mismas, lo cual ayuda también a realizar el diagnóstico del tipo de epilepsia.
En la valoración para un posible tratamiento quirúrgico de la epilepsia, la monitorización vídeo-EEG es imprescindible para localizar el foco epiléptico que se pretende resecar (=> [Cirugía de la Epilepsia]).
Neuroimagen2
Para encontrar una causa estructural (una lesión antigua, una inflamación o una lesión reciente) la prueba de imagen más importante es la resonancia magnética (RM). La RM cerebral está indicada en todos los pacientes en los que se sospecha una epilepsia focal, es decir, crisis epilépticas que salen de una determinada zona de la corteza cerebral.
La resonancia magnética cerebral permite realizar de manera inocua para el paciente, imágenes de su cerebro. La máquina consiste en un tubo en el que se coloca al paciente lo que puede producir una sensación de pánico en algunos pacientes con miedo a los espacios cerrados. Se puede intentar sobrevenir este miedo con una medicación, ya que hay que tener en cuenta que la RM cerebral es la prueba más importante para detectar una posible causa de su epilepsia. Niños pequeños pueden ser sedados por un anestesista para hacer la prueba, ya que el movimiento de la cabeza afecta a la calidad de las imágenes. El funcionamiento de la máquina produce un ruido que se puede aliviar mediante el uso de tapones para los oídos.
Las resonancias para buscar una posible causa estructural de la epilepsia se deben hacer de una manera especial, llamada protocolo de epilepsia, que añade cortes más finos y secuencias especiales a la forma de hacer las resonancias cerebrales normales.
Para entender las diferentes causas de epilepsia véase [¿Por qué tengo epilepsia?].
Otras pruebas de imagen son la tomografía por emisión de positrones (PET) que se puede fusionar con las imágenes de la RM cerebral para buscar en determinadas zonas un menor uso de glucosa radioactivamente marcada (la zona del foco epiléptico tiene un menor metabolismo que el resto de la corteza cerebral, ya que “trabaja” menos). Esta prueba sólo está indicada en pacientes que no responden a los tratamientos farmacológicos y en los que se está evaluando la posibilidad de un tratamiento quirúrgico.
La resonancia magnética cerebral funcional mide los cambios en el uso de oxígeno de determinadas zonas cerebrales mientras el paciente realiza unas tareas específicas (por ejemplo, de lenguaje o de memoria), lo cual activa las zonas importantes para estas tareas. Se usa sobre todo en la planificación de una posible cirugía, para intentar preservar esas zonas y minimizar posibles secuelas neurológicas.
El estudio neuropsicológico es una prueba en la que se investigan las diferentes funciones cognitivas mediante la realización de test neuropsicológicos. Estas pruebas cognitivas permiten saber qué funciones cognitivas y qué zonas cerebrales están afectadas por la epilepsia. También se realiza antes de una posible cirugía de la epilepsia para saber en qué medida la zona del foco epiléptico está afectado por la epilepsia y si el paciente corre peligro de posibles secuelas cognitivas tras una resección quirúrgica de la zona.
Primeros auxilios en crisis epilépticas
¿Qué debo explicar a personas cercanas sobre mi enfermedad?1
Para personas que presentan durante las crisis epilépticas una alteración de la conciencia o incluso una caída y convulsiones, es importante que personas cercanas con las que se pasa tiempo juntos estén informados acerca de cómo son las crisis y qué es lo que deben hacer si presencian una. Así se evita que se asusten y no sepan actuar correctamente durante y después de la crisis.
Esto es especialmente importante en el caso de niños, sobre todo para el tiempo que no estén acompañados por los padres o la familia, por ejemplo, en el colegio o en las actividades extraescolares. Si hay que dar medicación de rescate, debe haber un adulto responsable que ha recibido instrucciones específicas acerca de cuándo y cómo dar la medicación.
¿Qué hay que hacer al presenciar una crisis epiléptica?1
Cuando presencia una crisis tónico-clónica por primera vez, mucha gente se queda sin saber qué hacer y cómo ayudar, mientras que otros tratan de reanimar a la persona inconsciente causando a veces daño adicional. A continuación, se ofrecen unas instrucciones acerca de cómo actuar.
Durante la crisis
Mantenga la calma, la crisis terminará sola.
Retire al paciente de zonas peligrosas y protéjale de lesiones durante la crisis, pero no le sujete a la fuerza.
Mire el reloj para saber cuánto duró la crisis.
Aunque la crisis le parezca muy larga, la mayoría de las crisis convulsivas no duran más de 2 minutos.
Después de la crisis
Ponga al paciente de lado para evitar la aspiración (que líquidos o sólidos entren en las vías aéreas), con la cabeza hacia atrás.LLame al 112 en caso de:
- lesiones
- convulsiones > 2 minutos (de reloj)
- pérdida de conciencia > 15 minutos
- una segunda crisis antes de recuperar la conciencia,
Nunca intente introducir algo en la boca del paciente, existe peligro que el objeto entre en las vías aéreas y cause asfixia. La mordedura de lengua no es peligrosa para la vida del paciente, ¡un objeto en la boca sí lo puede ser!
No intente “reanimar” al paciente. Durante la fase tónica de las crisis generalizadas tónico-clónicas el paciente puede dejar de respirar y ponerse azul, sin que se asfixie. Después de la crisis permanecerá profundamente dormido y usted no podrá despertarle, ya que el cerebro “descansa” después de la crisis.
¿Qué es una encefalopatía epiléptica?
El término “encefalopatía” describe una afectación cerebral difusa que puede aparecer en enfermedades neurológicas diversas. Se llama “encefalopatía epiléptica” a aquellas epilepsias en las que la aparición de crisis epilépticas causa una encefalopatía con afectación de las funciones tanto cognitivas como sensitivas y/o motoras.1
Las encefalopatías epilépticas suelen tener una edad de inicio típica y se caracterizan por presentar tanto crisis generalizadas como crisis focales, es decir, se trata de una epilepsia focal y generalizada [=> link a “¿Qué tipo de epilepsia tengo?].
Los tipos más frecuentes son:
Síndrome de West1
Suele iniciarse antes del año de vida, entre los 3 y 12 meses de edad. Las crisis típicas de este síndrome son los espasmos en flexión con una inclinación brusca de cuerpo y cabeza hacia delante que puede repetirse rítmicamente durante varios minutos.
Los niños pueden tener también otros tipos de crisis, como crisis focales o crisis atónicas (caída brusca por pérdida de tono muscular).
La mayoría de los niños afectados por un síndrome de West tienen alguna lesión cerebral que causa la epilepsia. En el electroencefalograma aparece un patrón típico que se llama “hipsarritmia”. Con la aparición de las crisis los niños suelen empezar a tener un retraso madurativo.
Las crisis del síndrome de West desparecen a los 2 años de edad, aunque algunos pacientes desarrollan más adelante un síndrome de Lennox-Gastaut, una encefalopatía epiléptica, u otro tipo de epilepsia.
Síndrome de Lennox-Gastaut1
Este tipo de epilepsia suele empezar entre los 4 y los 7 años de edad, aunque existen casos con inicio hasta los 10 años. Tienen crisis en las que se pone el cuerpo bruscamente rígido, con elevación de los brazos y movimientos oculares verticales (crisis tónicas). Estas crisis son típicamente nocturnas y pueden repetirse muchas veces en la misma noche, interrumpiendo el sueño. También pueden tener crisis atónicas (caída brusca), crisis tónico-clónicas generalizadas y crisis focales. Además, a menudo presentan un tipo de crisis de ausencia, llamada “ausencia atípica”, ya que la desconexión es menos brusca y dura más tiempo que en las ausencias típicas [link a “Tipo de crisis”]. La encefalopatía se manifiesta en una afectación cognitiva, muchas veces con un trastorno de conducta asociado.
El síndrome de Lennox-Gastaut no suele controlarse del todo con fármacos antiepilépticos y las crisis persisten también en la edad adulta. Los niños y adultos con síndrome de Lennox-Gastaut habitualmente necesitan varios fármacos antiepilépticos y algún neuroléptico para la conducta. Un tratamiento adicional podría ser la implantación de un estimulador del nervio vago [link a ¿Qué es una epilepsia farmacorresistente?] que puede mejorar las crisis atónicas.
Existen otras encefalopatías epilépticas menos frecuentes como el síndrome de Doose (epilepsia mioclónico-astática) o el síndrome de Landau-Kleffner, en el cual la actividad epileptiforme interfiere con la capacidad de entender sin que haya crisis epilépticas, entre otras encefalopatías más raras.1
¿Cómo afecta la epilepsia a mi vida?
Epilepsia y conducción
Las crisis epilépticas pueden llegar a ser un importante riesgo para conducir, ya que una alteración de la conciencia o un alargamiento de la capacidad de reacción en una situación de tráfico compleja pueden suponer una pérdida de control del conductor sobre el vehículo y un peligro para los demás (especialmente peatones) y para el mismo conductor. Pacientes con epilepsia tienen un riesgo aumentado de tener un accidente de tráfico, a lo que también puede contribuir, en algunos casos, la medicación antiepiléptica, sobre todo si produce somnolencia. Para disminuir este riesgo y favorecer el uso responsable de su permiso de conducir, es importante que usted esté bien informado acerca de su epilepsia y del tipo de crisis que padece, además de conocer la legislación respecto a la conducción y su enfermedad.1,2
La legislación española (véase BOE 220, 2010, Anexo IV) no permite conducir hasta no estar al menos un año libre de crisis con alteración de la conciencia (conductores grupo 1), es decir, en el último año no puede haber tenido crisis focales o generalizadas que afecten la capacidad de reaccionar o produzcan una desconexión del medio ni crisis tónico-clónicas generalizadas. En el caso de crisis epilépticas que se produzcan exclusivamente durante el sueño, hay que comprobar durante al menos un año que efectivamente no aparezcan crisis estando despierto.3
En el caso de conductores profesionales (grupo 2), el conductor no puede haber tenido crisis en los últimos 10 años ni puede tomar fármacos antiepilépticos. Este requerimiento puede llevar a una incapacidad laboral, dependiendo del pronóstico acerca del control de las crisis en cada caso.
Debido a un aumento de la probabilidad de sufrir una crisis, se recomienda no conducir cuando se realicen cambios en la medicación anticrisis (especialmente al intentar retirar el tratamiento), cuando haya descansado poco la noche anterior o cuando se encuentre en una situación que previamente ha podido desencadenar crisis epilépticas.3
Si tiene epilepsia debe llevar un informe neurológico reciente a la renovación del carnet de conducir. Dependiendo de la fecha de la última crisis, la renovación se realiza por un período de 1 ó 2 a un máximo de 5 años.3
Tenga en cuenta que la responsabilidad de conducir con seguridad es del conductor, y que en el caso de ocultar información relevante o conducir sin cumplir los requisitos establecidos, un accidente puede suponer un delito penal y que el seguro no cubra los daños que puedan haberse producido.2
Epilepsia y trastornos del ánimo
Muchos pacientes con epilepsia sufren algún tipo de alteración del ánimo. Las mismas crisis epilépticas pueden influir en algunos casos en los estados anímicos, y algunos fármacos antiepilépticos pueden producir ansiedad o depresión, mientras que otros tienden a estabilizar el ánimo. Depresión y ansiedad como enfermedades independientes de la epilepsia son también frecuentes y necesitan ser evaluadas y tratadas adecuadamente.
Depresión1
Entre las enfermedades que pueden acompañar a una epilepsia la depresión es especialmente frecuente (1-2 personas con epilepsia de cada 100), sobre todo en pacientes con epilepsia farmacorresistente (entre un 20 y un 60%).
Se sabe que existe una relación bidireccional entre ambas enfermedades que va más allá de una mera reacción del paciente a su enfermedad crónica. Existen causas comunes, por ejemplo, una inflamación de estructuras cerebrales involucradas en la regulación del ánimo y también propensas a generar crisis epilépticas, o alteraciones en algunas hormonas cerebrales. La depresión es más frecuente en epilepsias focales, especialmente las del lóbulo temporal, donde se regula también el ánimo.
La depresión también se puede tratar, por lo que es importante que el médico conozca posibles síntomas de depresión, tales como ánimo triste, irritabilidad, insomnio, pérdida de interés en los demás, pérdida de apetito, cansancio generalizado etc.
El tratamiento de la depresión en pacientes con epilepsia se realiza habitualmente con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o de la serotonina y la noradrenalina. Aunque se sabe que los antidepresivos pueden aumentar la frecuencia de crisis epilépticas, estas dos clases de antidepresivos parecen tener menos efecto sobre la epilepsia, y en la práctica clínica el tratamiento antidepresivo no suele ser un problema para el control de las crisis.
Ansiedad2
Otro trastorno anímico frecuente en la epilepsia es la ansiedad. Es un síntoma a tomar en serio, ya que en muchos pacientes puede desencadenar crisis epilépticas, y un tratamiento para los síntomas de la ansiedad a veces mejora también la frecuencia de crisis epilépticas. En el caso de los trastornos de ansiedad no hay diferencias en la frecuencia de esta afectación en pacientes con epilepsias controladas y los que tienen epilepsias farmacorresistentes.
El tratamiento farmacológico de los trastornos de ansiedad se basa en los mismos grupos de antidepresivos que el tratamiento de la depresión, pero es especialmente importante identificar síntomas de ansiedad directamente relacionadas con las crisis para iniciar un tratamiento psicoterapéutico adecuado.
Alteraciones del ánimo relacionadas con las crisis epilépticas2
Alrededor de las crisis epilépticas pueden aparecer alteraciones anímicas que se deben a los cambios cerebrales (de la actividad de las neuronas o de los neurotransmisores que comunican las neuronas entre ellas) provocados por las crisis epilépticas. Antes de una crisis puede aparecer un estado de ansiedad premonitoria, e inmediatamente después de una crisis existen estados depresivos o de ansiedad que pueden durar entre horas y días. Hay que diferenciar estos trastornos anímicos agudos de un trastorno del ánimo crónico independiente de las crisis epilépticas, ya que el tratamiento es diferente.
Alteraciones del ánimo inducidas por fármacos anticrisis2
La depresión y la ansiedad también pueden ser síntomas que aparecen como efectos adversos de algunos fármacos que se usan para controlar la epilepsia. Existen también fármacos antiepilépticos que tienen un efecto positivo sobre el ánimo, muchas veces como efecto estabilizador del ánimo, pero también como efecto ansiolítico.
Es posible que la epilepsia o el tratamiento farmacológico tengan un efecto negativo sobre la calidad del sueño y produzcan síntomas de depresión o ansiedad.
Epilepsia y embarazo
Generalmente la epilepsia no impide tener hijos. La capacidad de quedarse embarazada (fertilidad) es igual en mujeres con y sin epilepsia. La mayoría de las mujeres con epilepsia que se quedan embarazadas no tendrán problemas durante el embarazo y tendrán niños sanos. Sin embargo, si usted tiene epilepsia y quiere tener hijos, es importante que sepa algunas cosas que debe tener en cuenta antes, durante y después de tener a su hijo. En todo caso debería hablar con su neurólogo antes de intentar quedarse embarazada para poder hacer los ajustes necesarios e informarle sobre los posibles riesgos.1
Riesgos para el niño2
Existen registros internacionales que recogen datos de embarazos con diferentes tratamientos anticrisis para intentar estimar el riesgo de malformaciones fetales. El más grande es el registro europeo de medicamentos antiepilépticos y embarazo (European Registry of Antiepileptic Drugs and Pregnancy; EURAP). Para que se pueda hacer una estimación realista tiene que haber miles de embarazos con el fármaco en cuestión.
Gracias a este tipo de recogida de datos, su neurólogo le puede decir una cifra aproximada acerca de cómo de alto puede ser el riesgo de malformaciones fetales mayores que pueden afectar al niño. Sin embargo, hay algunos problemas que dificultan estimar el riesgo en cada caso:
El uso de tratamientos antiepilépticos nuevos que no tienen un suficiente número de embarazos recogidos
La combinación de varios antiepilépticos
El control de las crisis (especialmente crisis tónico-clónicas generalizadas)
La historia familiar de posibles malformaciones fetales
En general, sin tomar en cuenta qué tratamiento está tomando, una mujer con epilepsia tiene un riesgo tres veces mayor que una mujer sana de que su hijo tenga alguna malformación fetal. Las malformaciones más comunes son cardiovasculares, seguido de músculo-esqueléticos. Los defectos del tubo neural (especialmente espina bífida) se asocian sobre todo con el uso de valproato durante el embarazo.1
También se ha visto que mujeres con epilepsia tienen más a menudo abortos, partos prematuros o niños con un crecimiento en el útero retrasado. Estas complicaciones son menos frecuentes en embarazos planificados que en embarazos no planificados.1 Existen estudios que encuentran un peor rendimiento cognitivo (aprendizaje) en niños cuya madre ha tenido crisis tónico-clónicas generalizadas durante el embarazo o ha tomado fármacos antiepilépticos como valproato o fenobarbital, especialmente durante el último trimestre de la gestación. El uso de valproato también se relaciona con un riesgo aumentado de que el niño presente autismo (TEA) o un trastorno con déficit de atención (TDA).1 Los defectos del tubo neural son menos frecuentes cuando la mujer toma antes del embarazo y en el primer trimestre ácido fólico a dosis altas (4-5mg/día). Los 400 microgramos (0,4mg) que se prescribe a todas las mujeres embarazadas son muy poco, ya que una mujer con tratamiento antiepiléptico requiere 5 a 10 veces más ácido fólico que una que no toma ese tratamiento.1
Riesgos para la madre
Aproximadamente dos tercios de las mujeres embarazadas con epilepsia no experimentarán un cambio en la frecuencia de las crisis durante el embarazo. Sí será necesario un ajuste de medicación en aquellos tratamientos que tienden a presentar una disminución del nivel en sangre a lo largo del embarazo.1
En las 48 horas tras el parto el riesgo para crisis epilépticas es mayor debido al cambio brusco de las hormonas del embarazo a las hormonas de la lactancia. Por eso se recomienda a la madre no llevar al niño mucho en brazos en estos días y cambiarle sobre una cama donde no pueda caerse si ella perdiese la conciencia. También puede ser recomendable (según el tipo de crisis) sentarse en el suelo apoyada en una pared para dar el pecho, con cojines colocados a ambos lados de la madre.1,2
Tanto para la madre como para el niño la lactancia se considera positiva, incluso cuando muchos de los fármacos antiepilépticos pasan a la leche materna y con la lactancia al niño, pero suele tratarse de concentraciones relativamente pequeñas. Estudios han encontrado un mejor desarrollo cognitivo en niños que han recibido medicación a través de la lactancia materna que niños alimentados con leche artificial.1
Epilepsia y TDAH
El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH) es una enfermedad que afecta a 5-7 de cada 100 niños y jóvenes adultos, pero es mucho más frecuente en pacientes con epilepsia. Existe una relación entre estas dos enfermedades que probablemente se deba a que ambas comparten mecanismos que pueden causar la enfermedad.1
Por otra parte, se sabe que las anomalías epileptiformes frecuentes pueden producir problemas de atención y comportamiento en niños, por lo que se suelen pedir pruebas de electroencefalografía en pacientes con sospecha de un trastorno por déficit de atención.1
La medicación antiepiléptica, a su vez, puede tener efectos cognitivos que se manifiestan con síntomas atencionales o de conducta, pero también hay niños que se benefician de un tratamiento antiepiléptico cuando el TDAH es causado por frecuente actividad epileptiforme, incluso si no tienen crisis. Esta es una situación que se puede dar en una epilepsia autolimitada de la infancia con puntas centro-temporales, en la que la actividad epileptiforme se activa de forma importante con el sueño, aunque los pacientes habitualmente tienen pocas o ninguna crisis. También la epilepsia focal con crisis del lóbulo frontal se asocia con una mayor frecuencia a un déficit de atención que otros tipos de epilepsia, ya que la atención es fundamentalmente mantenida por los lóbulos frontales. Epilepsias de cualquier tipo con frecuentes crisis no controladas también son más propensas a asociarse con un TDAH.1
Se sabe que la medicación para el TDAH no suele aumentar las crisis en pacientes con una epilepsia tratada, por lo que un tratamiento dirigido al déficit de atención no debería suponer ningún problema para el control de la epilepsia. Siendo los dos trastornos frecuentes, los neuropediatras tienen experiencia en el tratamiento y el seguimiento de los niños que presentan ambas enfermedades.1
Sabías que...
La epilepsia afecta a más de 50 millones de personas en todo el mundo.
La epilepsia afecta a hombres y mujeres por igual.
Con el tratamiento correcto, hasta el 70% de las personas con epilepsia pueden disfrutar de una vida plena.
La epilepsia es el tercer trastorno neurológico más común en la vejez.
Entendiendo la epilepsia
Causas
La epilepsia es un trastorno neurológico crónico en el que grupos de células nerviosas, o neuronas, del cerebro a veces transmiten señales anormales y provocan convulsiones. Hay diversas causas y mecanismos de desarrollo de la enfermedad, pero globalmente en alrededor 50% de los casos, la causa sigue siendo desconocida. En otros casos, las causas de la epilepsia pueden describirse como: estructurales, genéticas, infecciosas, metabólicas e inmunitarias.
Las causas de la epilepsia varían con la edad y algunas personas en quienes la causa de epilepsia es desconocida pueden tener una forma genética de la enfermedad.
Algunos genes pueden estar asociados con la epilepsia, o el modo en que algunos genes actúan en el cerebro pueden dar lugar a la epilepsia.
Diagnóstico
Saber si una persona está teniendo un ataque y diagnosticar el tipo de ataque o síndrome de epilepsia puede ser difícil. Hay muchos trastornos que pueden provocar cambios en el comportamiento y que pueden confundirse con epilepsia. Dado que el tratamiento de crisis depende de un diagnóstico preciso, asegurarse de que una persona padece epilepsia y saber de qué tipo, es un primer paso crítico.
La historia clínica y el examen neurológico son la base para el diagnóstico de las crisis y, por lo tanto de la epilepsia. Con frecuencia el médico pide una evaluación de laboratorio (pruebas), pero estas se consideran pruebas de diagnóstico adicionales. Los análisis de sangre se utilizan para comprobar su estado de salud general y para detectar cualquier otra afección médica que pueda ser la causa de la epilepsia.
Tras conocer la historia clínica de la persona, el examen neurológico es una etapa clave en el diagnóstico, y poder identificar o localizar patologías cerebrales. El examen físico general es también importante para determinar si la persona tiene alguna afección subyacente. Por ejemplo, unas marcas anormales en la piel podrían indicar un trastorno neurocutáneo en el que la epilepsia es común, como la esclerosis tuberosa o la neurofibromatosis.
Aun con descripciones precisas de los acontecimientos, a veces son necesarias otras pruebas para saber más del cerebro, de lo que causa los acontecimientos, y ver dónde se localiza el problema. Las pruebas más comunes son:
Crisis
Según la clasificación de la International League Against Epilepsy de 2017, las crisis se describen generalmente en tres grupos principales, dependiendo de donde comiencen: inicio focal, inicio generalizado e inicio desconocido. El lugar en el que comienza la crisis se conoce como el inicio de la crisis.
Hay varios millones de células nerviosas en nuestro cerebro responsables de transmitir señales eléctricas entre sí, contribuyendo todas ellas al funcionamiento correcto del cerebro. La interrupción o sobrecarga de estas señales puede dar lugar a crisis, y estas afectan consiguientemente a las funciones cerebrales, como estado de ánimo, memoria, movimiento, entre otros.
Hay diversos tipos de crisis, cuyos efectos dependen de la parte del cerebro afectada. En algunos casos, se permanece alerta y consciente del entorno, mientras que en otros se pierde el conocimiento. Las sensaciones o movimientos pueden ser inusuales, o bien, puede experimentarse rigidez, caída al suelo y convulsiones.
Es importante diferenciar entre crisis y epilepsia, ya que las crisis pueden ser síntoma de otros problemas médicos, como hipoglucemia o convulsiones febriles en niños pequeños.
Para comprender mejor las crisis epilépticas y su clasificación, es útil saber que el cerebro está dividido en dos hemisferios, cada uno con cuatro lóbulos responsables de distintas funciones.
Según la clasificación de la International League Against Epilepsy de 2017, las crisis se describen generalmente en tres grupos principales, dependiendo de dónde comiencen: inicio focal, inicio generalizado e inicio desconocido.
Las crisis epilépticas pueden empezar en un hemisferio (inicio focal) o afectar a ambos hemisferios desde el inicio (crisis generalizada). El lugar en el que comienza la crisis se conoce como el inicio de la crisis.
No todas las crisis pueden ser fácilmente definidos como focales o generalizados. Algunas personas experimentan crisis que empiezan como crisis focales pero luego se extienden a todo el cerebro.
Se les llama crisis tónico-clónicas focales a bilaterales (antes conocidos como crisis tónico-clónicas generalizadas secundarias). Las crisis pueden variar de una persona a otra, y tener epilepsia no significa que se sepa qué tipo de crisis se experimenta.
Lo que ocurre después de una crisis difiere de una persona a otra. Algunas personas se recuperan inmediatamente después de un crisis, mientras que otras pueden necesitar minutos a horas para sentirse como antes de la crisis. Durante este tiempo, pueden sentirse cansadas, somnolientas, débiles o confundidas.
Factores que pueden desencadenar una crisis
No tomarse la medicación correctamente
Tomar la medicación para la epilepsia con regularidad y de acuerdo con las instrucciones del médico es esencial para mantener un nivel estable del medicamento en la sangre. Varios estudios demuestran que saltarse dosis del medicamento para la epilepsia aumenta el riesgo de desarrollar una crisis epiléptica.
Fatiga y falta de sueño
Uso de alcohol y drogas
Luz fuerte y parpadeante
(3 de cada 100 personas con epilepsia tienen convulsiones desencadenadas por luces parpadeantes o luces con patrones brillantes. Este fenómeno se denomina epilepsia fotosensible).
Ciclo Menstrual
Algunas mujeres con epilepsia tienen mayor susceptibilidad a ataques en determinados periodos del ciclo menstrual.
Saltarse Comidas
Padecer una enfermedad que conlleve temperatura elevada
Algunas personas dicen que pueden tener más crisis cuando tengan infecciones que den lugar a fiebre alta.
Estos son factores que pueden desencadenar una crisis en personas con epilepsia.
En otras palabras, ciertos "desencadenantes" pueden provocar una crisis epiléptica.
No son la causa directa de la crisis, pero aumentan la probabilidad de que ocurra un ataque.
No todas las personas tienen estos "desencadenantes" de crisis epilépticas, y un factor que puede provocar un ataque en una persona puede no afectar a otras de la misma manera.
Sin embargo, es útil tener en cuenta algunos factores comúnmente mencionados por personas con epilepsia que pueden desencadenar un ataque epiléptico.
Conviene recordar que cada caso es único y que no todas las personas con epilepsia reaccionan de la misma forma y que no todas las crisis son desencadenadas por los mismos factores.
Entendiendo la epilepsia: aspectos prácticos y mitos que desterrar
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